Bisexualidad y Cultura: Todos Somos Bisexuales.

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Bisexualidad

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La bisexualidad es una orientación sexual que se caracteriza por la atracción sexual, afectiva y emocional hacia individuos de ambos sexos. Dentro de la tradición occidental, los primeros registros de naturaleza bisexual se remontan a la antigua Grecia pues, según dichos testimonios, este tipo de relación se practicó incluyendo a la alta sociedad, como reyes o gobernadores de Grecia. Aunque se haya observado gran variedad de formas en todas las sociedades humanas de las que quede registro escrito, la bisexualidad sólo ha sido objeto de estudio serio desde la segunda mitad del siglo XX. Al día de hoy, aún hay desacuerdos sobre su prevalencia y naturaleza. El 23 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Bisexualidad que tiene por objetivo la visibilidad de la comunidad bisexual, así como evitar la bifobia. Es una fecha poco conocida, incluso dentro de la comunidad LGTB. Descripción teórica Los intentos de descripción teórica acerca de la conducta bisexual aparecen marcados, dentro de la tradición sexológica occidental, por su carácter de territorio ambiguo, en el que la tensión entre homosexualidad y heterosexualidad queda anulada. En un intento de desambiguación, se ha considerado que existen varios niveles de análisis de los que derivan las diferentes formas de conceptualizar la bisexualidad:[1] Bisexualidad biológica Bisexualidad psicológica Bisexualidad conductual Bisexualidad cultural Bisexualidad histórica vs contemporánea Esta gradación de niveles corresponde, además, a una cronología en estudios sobre este comportamiento. Las teorías pertenecientes a los dos primeros niveles, el biológico y psicológico, encuadran su desarrollo durante el siglo XIX, mientras que las dos siguientes, conductual y cultural, surgen durante el siglo XX. Bisexualidad psicológica En la teoría psicológica, el tema ha sido objeto de diversa consideración. En la obra de Freud, la bisexualidad (como ocurriera con la homosexualidad), a menudo significaba la fijación de un desarrollo psicológico estancado. Pero luego Freud aseguraba que el ser humano es de naturaleza bisexual y que la bisexualidad se constituye en los niños para que luego estos puedan escoger un solo objeto amoroso. La homosexualidad (como la heterosexualidad) es el resultado de una elección, debido a que todos los seres humanos disponen de una base psíquica bisexual. El trabajo de Heinz Kohut, en cambio, define este comportamiento como un intento de regulación de la autoestima del individuo para alcanzar satisfacción manteniendo relaciones íntimas con un sexo o dos. Esta necesidad debe distinguirse, dentro del mencionado paradigma, de algunas formas “patológicas” de bisexualidad observadas en el historial clínico de pacientes con personalidad de límites difusos o débiles y autorrepresentaciones fluidas. Bisexualidad conductual En las teorías del nivel conductual, se centra la atención en el estudio de biografías de individuos que presenten conductas bisexuales. Por tal motivo, dado que la conducta sexual normalmente no suele darse con los dos sexos al mismo tiempo, el mismo individuo puede relacionarse exclusivamente con un sexo u otro durante una fase significativa del desarrollo vital. Los estudios de este nivel focalizan el interés en las razones por las que se producen estos saltos y en su significado. Así, la bisexualidad se concibe como un resultado situacional o vital sobre los individuos. Esta dimensión cualitativa en el estudio de la conducta bisexual, es eludida por otros estudios cuantitativos del comportamiento sexual humano, como los de Kinsey, que se limitan al recuento estadístico de experiencias o deseos homosexuales y/o heterosexuales en los individuos. Bisexualidad cultural Como se ha mencionado, las teorías de corte psicológico, espiritual y conductual centraban su atención en el significado de la bisexualidad para los individuos. En cambio, las teorías biologicistas lo hacen en la funcionalidad universal de la bisexualidad para la especie. Las teorías del cuarto y más reciente nivel (el cultural) consideran que la dimensión fundamental para conceptualizar el comportamiento sexual se halla en el seno de las distintas culturas. Así, se presta atención a las ideas culturales referidas a las relaciones sexuales o a las ideologías dominantes en una cultura respecto de lo que se considera adecuado, saludable, moralmente aceptable o reprobable en el seno de una sociedad concreta en un momento determinado de su historia. Enmarcadas en el seno del constructivismo social, las teorías culturales niegan la validez científica de categorías universales como la normalidad, la naturalidad o salubridad de unas u otras conductas sexuales. Estas teorías son ajenas a consideraciones biologicistas de la sexualidad, pues consideran que son las culturas, y no la biología, las que determinan históricamente la objetivización conceptual y el significado de los comportamientos, roles e identidades sexuales. Por ello, las teorías culturales niegan que exista una única conceptualización de la bisexualidad, sino que ésta presenta distintos estatus y naturalezas dependiendo del entorno cultural que se estudie. Desde esta perspectiva, se dan culturas, como la huaorani,[2] en la que no sólo no existen la homosexualidad, heterosexualidad o bisexualidad como conceptos objetivos o identidades sexuales más o menos definidas, sino que el propio concepto de sexualidad aparece difuminado o es inexistente. Sin embargo, entre los huaoraníes se observan prácticas que, desde otras culturas, se entenderían como sexuales, y se caracterizarían como hetero u homosexuales. Prevalencia de la bisexualidad en las culturas occidentales Véase también: Demografía de la orientación sexual Una encuesta de 2009 en España con una muestra de 536 alumnos/as universitarios/as encontró los siguientes resultados: El 14,4% de los chicos no se declaran heterosexuales (6,1% homosexuales) y el 11,1% de las chicas no se consideran heterosexual (0,7% lesbianas). En parte, este estudio confirma las previsiones del estudio del 2007 para con una población adulta. “No heterosexual” implica ser homosexual o algún punto intermedio entre la homosexualidad y la heterosexualidad, o sencillamente no haber respondido al ítem y sin embargo haber respondido al resto del cuestionario de forma válida.[3] En Australia se realizó en 2003 el mayor informe y más complejo en el país hasta la fecha, mediante encuesta telefónica con 19.307 encuestados, con edades comprendidas entre los 16 y los 59 años en los años 2001-2002. El estudio encontró que un 97,4% de los hombres se identificaban como heterosexuales, 1,6 % como gays y un 0,9% como bisexuales. Relativo a las mujeres, un 97,7% se identificaron como heterosexuales, un 0,8% como gays y un 1,4% como bisexuales. En cualquier caso, un 8,6% de los hombres y un 15,1% de las mujeres indicaron sentir atracción o sentimientos o haber tenido alguna experiencia sexual con personas del mismo sexo.[4] Algunos estudios, entre ellos los estudios Comportamiento sexual del varón (1948) y Comportamiento sexual de la mujer (1953) de Alfred Kinsey, han mostrado que la mayor parte de la población parece ser al menos ligeramente bisexual. La mayoría tiene cierta atracción hacia ambos sexos, aunque se suele preferir uno de ellos. Según las encuestas de Kinsey, sólo el 5%-10% de la población puede ser considerada como exclusivamente heterosexual u homosexual, por lo que el resto (entre un 80% y un 90%) de los varones y mujeres estudiados eran bisexuales. Sólo un 5% de éstos no tenían ninguna preferencia especial entre hombres y mujeres.[cita requerida] Estatus social de la bisexualidad en algunas culturas El estatus social que aporta el comportamiento bisexual, homosexual o heterosexual depende, en gran medida, de las diferentes objetivaciones conceptuales que en cada cultura existan de las identidades y comportamientos sexuales, así como de la existencia de diferentes estructuras de género. Relación con la noción de género En aquellas culturas en las que la categorización de género incluye un tercer género, bien ambiguo o bien del tipo “ni varón ni mujer”, las distinciones entre homosexualidad, heterosexualidad y bisexualidad son inexistentes para este género y para quienes mantienen relaciones sexuales con él y difuminan, en ocasiones, incluso la categorización de comportamientos en el resto de relaciones. A continuación presentamos una serie de ejemplos.[cita requerida] Cultura navajo: los nadle Por ejemplo, en la cultura navajo existen tres géneros: varones, mujeres y nadle. La asignación de un individuo como nadle puede resultar confusa, aunque suele ser determinante que exhiban rasgos genitales ambiguos o hermafroditas. Existen también “falsos” nadle, cuyos rasgos genitales son definidos, pero que se comportan y son reconocidos como nadles “auténticos”. Los roles sexuales de los nadle comparten rasgos de los varones y las mujeres. En esta cultura, se categoriza como comportamiento homosexual reprobable el que mantienen varones con varones o mujeres con mujeres.[cita requerida] Sin embargo, las relaciones entre nadles y varones o mujeres no merecen ningún tipo de categorización, ni como homosexualidad, ni como heterosexualidad, ni en el caso de un nadle que alterne relaciones sexuales con varones y mujeres como bisexualidad.[cita requerida] Culturas africanas: los azande En diferentes culturas africanas existen tradiciones de matrimonio entre mujeres y matrimonio entre muchachos que, en ocasiones, disuelven las diferencias entre homosexualidad, heterosexualidad y bisexualidad. Evans-Pritchard documenta entre los azande de Sudán la existencia común de matrimonios entre guerreros solteros y muchachos jóvenes. Este matrimonio solucionaba la necesidad de intercambios sexuales de los guerreros solteros ante la escasez de mujeres debido a la práctica extendida de poliginia.[cita requerida]