Mi propio yo.

Mi propio yo. El que  la gente no soporta, no acepta, no valora y hasta en ocasiones discrimina. Mi propio yo que la vida escribió sobre él un destino el que no podemos modificar. Mi propio yo,  lleno de sentimientos, de valores y que te hace engrandecer ante el mundo.

Pero también existe el yo de la gente, ese yo que no tiene nada que ver con mi propio yo y que a veces es el que perdura. Ese yo de la gente que en medida solo responde a sus interés, criterios y opiniones  y donde que mi propio yo. Queda dentro de ti preso, escondido, enajenado de tu propia realidad y es ahí cuando entras en conflicto con la realidad y empieza la contradicción entre lo que eres  y lo  que quieren de ti. Te conviertes en un títere de la gente, que ve pasar la vida pero la vida no pasa por ti. Entonces la vida se te hace más difícil, enredada, vives en una realidad enajenada a tu voluntad, a tus propósitos, metas, sueños y deseos. Desaparecen las oportunidades y hasta llegas a encontrar la muerte apresuradamente. Ser tu propio yo, ese que sientes, que te motiva, que te hace aceptarte y valorarte a ti mismo como ser humano. Ese yo que llevas por dentro, descúbrelo, sácalo a la luz y entonces ese día veras que el sol está ahí y que brilla para todos. Por eso yo me quedo con mi propio yo.