Ser quien es, no te puede conducir a ser lo que no eres.

Despertó de aquel sueño en que todo era lindo y brillante para caer en la pesadilla de la realidad. Aquellos amigos no eran tan amigos y aquel amor no era tan puro de corazón, ese te quiero no era tan seguro y la felicidad tan completa. Todo era una mentira, una falsa ilusión que no dejaba ver la realidad. Decidió contarle a sus seres queridos que había sido infestado por el VIH. La respuesta no fue otra, entre tantas no falto aquella que ofendía, la otra que no era su problema, los que huyeron sin decir,  pocos fueron los que se quedaron en el justo momento en que necesitaba apoyo, necesitaba comprensión, necesitaba afecto y cariño. Necesitaba un hombro para llorar, una mano para levantarse. Esa era el momento de demostrar todo aquello que le habían pintado en un castillo que no existió jamás. Entonces como dice la vieja abuela, no todas las puertas se cierran, siempre queda una abierta. Para que el rechazo, la intolerancia, la discriminación salga y solo se quede quien de verdad tiene un corazón en medio del pecho y te dice, Levántate, te da su mano, su corazón y su energía, te dice cuídate, te dice adelante. Y ese alguien eres tú, ese alguien soy yo, ese alguien somos los dos. Por qué tener   VIH, no te puede conducir a ser lo que no eres, un desamparado……. Ellos necesitan nuestro apoyo.