Vivir sin miedos.

Manuel, un muchacho lleno de deseos y pasiones. De gran prestigio y orgullo decidió contarle un día al mundo quien era. Le conto al mundo que era Gay,  desde niño le gustaban los hombres y que había encontrado la felicidad en aquello que tanto las personas critican, hablan, cometan y difaman. A sus 16 años Manuel demostró que para ser feliz no hacía falta creer en las personas,  si no creer en uno mismo. Que no importa si el mundo nos acepta, lo que la gente piense  porque el mundo es eres tú. No fue fácil, pues sobre su decisión cayeron muchos prejuicios y estereotipos de una sociedad que ante todo rechaza y no comprende que los gay son seres humanos, con defectos y disimiles virtudes de las cuales nadie habla.

Manuel siguió el camino que escogió y se hizo un profesional de la Construcción y a sus 19 años dirigía importantes obras sociales en un lugar de cuba. Con profesionalismo, con hombría ante todo. La homosexualidad se siente, se disfruta pero no se impone. Pensar diferente no te hace ser menos, pero si parte de la sociedad y ante todo aprendió que la ética viene en uno y no está en nada. Decir buenos días, pedir permiso entre muchas cosas más que enorgullecen a Manuel.

Pasaron los años y Manuel se fue siendo grande, ocupo grandes responsabilidades en las cuales nunca dio a comprender sus sentimientos pero si dejo huellas en muchos corazones, con sus gesto, su valor humano, sus sentimientos, hazañas y prestigio, siempre sin dejar de ser ese que encontró el amor al otro lado del mundo, su propio mundo. A los 24 conoció una muchacha con la cual comenzó una relación s\in mentiras, pues aprendió tanto que alcanzo el valor para decir a su novia que era gay. Ella diferente a las demás dijo. Aprender a aceptar a los demás y sus diferencias es parte de la vida, contigo aprendí. Me interesas tú y siempre contaras con el apoyo de mi parte para que seas tú. Ambos formalizaron un matrimonio y contrajeron un hijo fruto del amor y de la sinceridad, honestidad y respeto, la comprensión de un ser humano va mas allá de los limites, está en tu imaginación. El mundo no puede ser diferente su tu decidiste cambiar. El amor es así cuando se siente de verdad, porque solo podrás vivir sin miedos, cuando hayas aprendido a vivir con ellos.

Gracias.

Súmate para que sean más.

No somos aquello que pintan los medios, que describen las redes, las telenovelas, los cuestos y los telepley.  Somos de carne y hueso, con sentimientos, con sueños, con metas, con propósitos  y llenos de vida. Mucho se dice de lo que tanto se desconoce en un mundo parcialmente desconocido por el hombre. Soy  Gay pero no soy un fantasma, un demonio, una fiera, solo soy yo con otra forma diferente de pensar, de actuar, de vivir. Pero sobre todo con virtudes que superan los defectos, virtudes que no son visible a tus ojos. Es por ello que no me aceptas mientras te alejas de la realidad y te encierras en ese closet homofóbico errático en el cual  crees que mi propósito eres tú,  sin aun darte cuenta tu mismo de la persona que eres. Que eres hombre igual que yo y que solo basta que te levantes un día y te pongas una falda o te acuestes con un hombre para que descubras que lo que tanto rechazas tu  puede hacer feliz a otros. La homosexualidad en cualquiera de sus  características no es una  enfermedad, es una conducta humana,  son sentimientos, pasiones, deseo, entrega en busca de la felicidad, la homosexualidad se sufre, duele, pero está llena de principios, de ética, porque te das cuenta quien es uno cuando enfrentas la sociedad, la familia, los amigos, enfrentas a la vida y te aceptas tu mismo, has ganado la gran batalla. Ahora gana tú la tuya contra ese mal, la homofobia, que no dice nada pero si hace mucho daño y saca de tu mente  el hecho de que aceptes no quiere decir que eres igual, si no que ellos son iguales,  solo que los marca una diferencia, esa que tu aun no has aceptado y con tus acciones solo hieres aquel que puede ser tu hijo, un familiar, un amigo, un vecino en fin alguien parte de tu mundo, del mundo de todos, de la tierra y de la especie humana. Di no a la homofobia y has llegar este mensaje aquel que lo necesite, se tu también parte de esta historia no mal contada pero si bien dirigida. No importa lo que pienses, pero si me interesa lo que hagas, lo que sea que sea para decir, basta ya, NO a la Homofobia, ellos también necesitan ser felices y Sumate.

Ellos Necesitan de tí.

Ellos necesitan de ti.

Cuan difícil se hace aceptar quienes somos y como vivimos. Comprender es una asignatura pendiente en muchos seres humanos que prefieren vivir en una mentira antes que perdonar, ser infelices antes de aceptar y rechazar antes de entender que somos como somos y eso no lo quita nadie. Si cambiáramos para la conformidad de alguien, para la de nosotros dejaríamos de ser quienes somos. Personas con sentimientos, con corazón, con sueños, con decesos, con virtudes y defectos pero con una solo condición somos seres humanos que necesitan comprensión, cariño y amor.

La bisexualidad implica muchas cosas y en cuestión son personas que sufren un montón y más cuando se es sincero con la pareja amada y esta convierte la sinceridad en un arma de ataque. A caso ser sincero es un pecado. Pocos son capaces de comprender y aceptar la sinceridad y honestidad de la pareja. Otras catalogan la bisexualidad como una traición a lo que considero que no es nada de eso. Lo cierto es que son necesidades de afecto, sentimientos, cuestiones biológicas, sicológicas y físicas que los hacen ser así. Una barrera entre lo que creen y lo que son.

Mas difícil se hace cuando por medio hay una familia, hijos a los que mentirles no ayuda a nada y decirles la verdad implica mucho. Cuando se es sincero se arriesga a ganar poco y perder mucho. Y en cuestión no valoramos y entendemos que esa persona tiene también el derecho de ser feliz. Pero si por ser como eres perdieras todo habrías ganado mucho, habrías ganado  enfrentar a los que te odian y ganar más los que te quieren, aceptarte tú que es lo importante y ser quien eres. A conocer aquellos que perdiste para los cuales nunca significaste nada, no te dieron el valor que te mereces, la confianza que necesitabas, el amor que te juraron nunca existió y si un día te dijeron te quiero solo fue una gran mentira. Por que quien ama perdona y quien te quiere te acepta, no importa como seas. Los bisexuales necesitan comprensión, ayuda, afecto, cariño y eso solo lo logras si eres capaz de entenderlos, aceptarlos, ayudarlos y todo lo que tienes que hacer para lograrlo es ponerse en su lugar solo así entenderás y decir si fuera yo  que haría. Por ellos necesitan de ti para ser feliz.

 

Ser gay no es fácil

No hay forma de describir la frustración que siento en estos momentos. Pareciese como si todo el odio acumulado en el mundo me azotara de la manera más funesta. Las opiniones señalan y juzgan sin conocer. La ignorancia se apodera de las personas e incluso de las instituciones. El significado de libertad está preso y todos estamos presos con él. No quiero llegar a ponerme en el papel de víctima ni mucho menos acudir a la lastima para cambiar el modo de pensar de muchos. Sin embargo y aunque nadie me lo preguntó, ser gay no es fácil.

No hablo de serlo ahora, porque aunque existe tanto odio e ignorancia, vivimos de algún modo en una sociedad más abierta, pero hasta el momento, han sido 21 años de esconder lo que soy por miedo a que me juzguen. Estoy mamado de la hipocresía de muchos que juzgan la violación de los derechos humanos, la violencia de género o la guerra en la que nos hemos visto sumergido como país en los últimos 50 años, pero que están atacando o se niegan a aceptar que otro sea distinto.
Estoy harto de no poder estudiar en mi Universidad mostrándome como soy ante mis profesores, compañeros y comunidad en general. Estoy cansado de despertarme cada mañana y meterme en un papel en el que ni si quiera encajo. Estoy cansado que digan que estoy enfermo, que me voy a ir al infierno o que simplemente soy un error de la naturaleza. Estoy harto de que me digan que soy el mal encarnado por ser lo que soy. He sido buen hijo, tengo los mejores padres, soy tan malo como todos y tan bueno como pocos. Tengo sueños, aspiraciones. Quiero ser papá, casarme, salir a la calle con mi pareja tomado de la mano y sin que nadie nos juzgue. Quiero ser un ciudadano más.

No estoy orgulloso de ser gay, pero tampoco me avergüenzo de serlo, simplemente lo soy. Puedo considerarme un gay con suerte, porque aunque he sufrido bullying por serlo, nada ha pasado a mayores. No como a otros que hoy ya no pueden indignarse, porque simplemente no aguantaron la presión, el odio, el rechazo y ya no están.

Con este escrito exijo libertad de ser, exijo respeto, exijo que dejen de decir que estoy enfermo y que jueguen con mis derechos como si yo fuera un ciudadano de tercer nivel. Exijo que la igualdad que está en la Constitución de este ‘honorable’ país sea respetada. Exijo ser yo el que tome la decisión de ser padre. Exijo que dejen de decir que somos violadores, alcohólicos o drogadictos. Exijo que los gays se hagan respetar y que dejen de ser tan banales. Exijo que los padres que hoy rechazan a sus hijos por sus preferencias sexuales no lo hagan, porque, aun así, siguen siendo los mismos hijos que concibieron y parieron.

Exijo que los maestros enseñen a respetar, eduquen a sus alumnos para aceptar la diversidad. Exijo que la Universidad de La Sabana, mi Universidad, deje de lavarse las manos con comunicados de prensa baratos y acepte sus errores como institución educativa. Exijo que todos los jóvenes seamos parte de esta revolución, que no nos hagamos los indiferentes, que las cosas se pueden hacer distintas y más cuando prevalece el respeto hacia el diferente.

Y con convicción hoy repito, como alguna vez el gran defensor de los derechos de los homosexuales, Harvey Milk dijo: “Pueden sentir que no somos malos y saben que debería haber un lugar para nosotros en este gran país… en este mundo”.

Bisexualidad y Cultura: Todos Somos Bisexuales.

Portada

Bisexualidad

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La bisexualidad es una orientación sexual que se caracteriza por la atracción sexual, afectiva y emocional hacia individuos de ambos sexos. Dentro de la tradición occidental, los primeros registros de naturaleza bisexual se remontan a la antigua Grecia pues, según dichos testimonios, este tipo de relación se practicó incluyendo a la alta sociedad, como reyes o gobernadores de Grecia. Aunque se haya observado gran variedad de formas en todas las sociedades humanas de las que quede registro escrito, la bisexualidad sólo ha sido objeto de estudio serio desde la segunda mitad del siglo XX. Al día de hoy, aún hay desacuerdos sobre su prevalencia y naturaleza. El 23 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Bisexualidad que tiene por objetivo la visibilidad de la comunidad bisexual, así como evitar la bifobia. Es una fecha poco conocida, incluso dentro de la comunidad LGTB. Descripción teórica Los intentos de descripción teórica acerca de la conducta bisexual aparecen marcados, dentro de la tradición sexológica occidental, por su carácter de territorio ambiguo, en el que la tensión entre homosexualidad y heterosexualidad queda anulada. En un intento de desambiguación, se ha considerado que existen varios niveles de análisis de los que derivan las diferentes formas de conceptualizar la bisexualidad:[1] Bisexualidad biológica Bisexualidad psicológica Bisexualidad conductual Bisexualidad cultural Bisexualidad histórica vs contemporánea Esta gradación de niveles corresponde, además, a una cronología en estudios sobre este comportamiento. Las teorías pertenecientes a los dos primeros niveles, el biológico y psicológico, encuadran su desarrollo durante el siglo XIX, mientras que las dos siguientes, conductual y cultural, surgen durante el siglo XX. Bisexualidad psicológica En la teoría psicológica, el tema ha sido objeto de diversa consideración. En la obra de Freud, la bisexualidad (como ocurriera con la homosexualidad), a menudo significaba la fijación de un desarrollo psicológico estancado. Pero luego Freud aseguraba que el ser humano es de naturaleza bisexual y que la bisexualidad se constituye en los niños para que luego estos puedan escoger un solo objeto amoroso. La homosexualidad (como la heterosexualidad) es el resultado de una elección, debido a que todos los seres humanos disponen de una base psíquica bisexual. El trabajo de Heinz Kohut, en cambio, define este comportamiento como un intento de regulación de la autoestima del individuo para alcanzar satisfacción manteniendo relaciones íntimas con un sexo o dos. Esta necesidad debe distinguirse, dentro del mencionado paradigma, de algunas formas “patológicas” de bisexualidad observadas en el historial clínico de pacientes con personalidad de límites difusos o débiles y autorrepresentaciones fluidas. Bisexualidad conductual En las teorías del nivel conductual, se centra la atención en el estudio de biografías de individuos que presenten conductas bisexuales. Por tal motivo, dado que la conducta sexual normalmente no suele darse con los dos sexos al mismo tiempo, el mismo individuo puede relacionarse exclusivamente con un sexo u otro durante una fase significativa del desarrollo vital. Los estudios de este nivel focalizan el interés en las razones por las que se producen estos saltos y en su significado. Así, la bisexualidad se concibe como un resultado situacional o vital sobre los individuos. Esta dimensión cualitativa en el estudio de la conducta bisexual, es eludida por otros estudios cuantitativos del comportamiento sexual humano, como los de Kinsey, que se limitan al recuento estadístico de experiencias o deseos homosexuales y/o heterosexuales en los individuos. Bisexualidad cultural Como se ha mencionado, las teorías de corte psicológico, espiritual y conductual centraban su atención en el significado de la bisexualidad para los individuos. En cambio, las teorías biologicistas lo hacen en la funcionalidad universal de la bisexualidad para la especie. Las teorías del cuarto y más reciente nivel (el cultural) consideran que la dimensión fundamental para conceptualizar el comportamiento sexual se halla en el seno de las distintas culturas. Así, se presta atención a las ideas culturales referidas a las relaciones sexuales o a las ideologías dominantes en una cultura respecto de lo que se considera adecuado, saludable, moralmente aceptable o reprobable en el seno de una sociedad concreta en un momento determinado de su historia. Enmarcadas en el seno del constructivismo social, las teorías culturales niegan la validez científica de categorías universales como la normalidad, la naturalidad o salubridad de unas u otras conductas sexuales. Estas teorías son ajenas a consideraciones biologicistas de la sexualidad, pues consideran que son las culturas, y no la biología, las que determinan históricamente la objetivización conceptual y el significado de los comportamientos, roles e identidades sexuales. Por ello, las teorías culturales niegan que exista una única conceptualización de la bisexualidad, sino que ésta presenta distintos estatus y naturalezas dependiendo del entorno cultural que se estudie. Desde esta perspectiva, se dan culturas, como la huaorani,[2] en la que no sólo no existen la homosexualidad, heterosexualidad o bisexualidad como conceptos objetivos o identidades sexuales más o menos definidas, sino que el propio concepto de sexualidad aparece difuminado o es inexistente. Sin embargo, entre los huaoraníes se observan prácticas que, desde otras culturas, se entenderían como sexuales, y se caracterizarían como hetero u homosexuales. Prevalencia de la bisexualidad en las culturas occidentales Véase también: Demografía de la orientación sexual Una encuesta de 2009 en España con una muestra de 536 alumnos/as universitarios/as encontró los siguientes resultados: El 14,4% de los chicos no se declaran heterosexuales (6,1% homosexuales) y el 11,1% de las chicas no se consideran heterosexual (0,7% lesbianas). En parte, este estudio confirma las previsiones del estudio del 2007 para con una población adulta. “No heterosexual” implica ser homosexual o algún punto intermedio entre la homosexualidad y la heterosexualidad, o sencillamente no haber respondido al ítem y sin embargo haber respondido al resto del cuestionario de forma válida.[3] En Australia se realizó en 2003 el mayor informe y más complejo en el país hasta la fecha, mediante encuesta telefónica con 19.307 encuestados, con edades comprendidas entre los 16 y los 59 años en los años 2001-2002. El estudio encontró que un 97,4% de los hombres se identificaban como heterosexuales, 1,6 % como gays y un 0,9% como bisexuales. Relativo a las mujeres, un 97,7% se identificaron como heterosexuales, un 0,8% como gays y un 1,4% como bisexuales. En cualquier caso, un 8,6% de los hombres y un 15,1% de las mujeres indicaron sentir atracción o sentimientos o haber tenido alguna experiencia sexual con personas del mismo sexo.[4] Algunos estudios, entre ellos los estudios Comportamiento sexual del varón (1948) y Comportamiento sexual de la mujer (1953) de Alfred Kinsey, han mostrado que la mayor parte de la población parece ser al menos ligeramente bisexual. La mayoría tiene cierta atracción hacia ambos sexos, aunque se suele preferir uno de ellos. Según las encuestas de Kinsey, sólo el 5%-10% de la población puede ser considerada como exclusivamente heterosexual u homosexual, por lo que el resto (entre un 80% y un 90%) de los varones y mujeres estudiados eran bisexuales. Sólo un 5% de éstos no tenían ninguna preferencia especial entre hombres y mujeres.[cita requerida] Estatus social de la bisexualidad en algunas culturas El estatus social que aporta el comportamiento bisexual, homosexual o heterosexual depende, en gran medida, de las diferentes objetivaciones conceptuales que en cada cultura existan de las identidades y comportamientos sexuales, así como de la existencia de diferentes estructuras de género. Relación con la noción de género En aquellas culturas en las que la categorización de género incluye un tercer género, bien ambiguo o bien del tipo “ni varón ni mujer”, las distinciones entre homosexualidad, heterosexualidad y bisexualidad son inexistentes para este género y para quienes mantienen relaciones sexuales con él y difuminan, en ocasiones, incluso la categorización de comportamientos en el resto de relaciones. A continuación presentamos una serie de ejemplos.[cita requerida] Cultura navajo: los nadle Por ejemplo, en la cultura navajo existen tres géneros: varones, mujeres y nadle. La asignación de un individuo como nadle puede resultar confusa, aunque suele ser determinante que exhiban rasgos genitales ambiguos o hermafroditas. Existen también “falsos” nadle, cuyos rasgos genitales son definidos, pero que se comportan y son reconocidos como nadles “auténticos”. Los roles sexuales de los nadle comparten rasgos de los varones y las mujeres. En esta cultura, se categoriza como comportamiento homosexual reprobable el que mantienen varones con varones o mujeres con mujeres.[cita requerida] Sin embargo, las relaciones entre nadles y varones o mujeres no merecen ningún tipo de categorización, ni como homosexualidad, ni como heterosexualidad, ni en el caso de un nadle que alterne relaciones sexuales con varones y mujeres como bisexualidad.[cita requerida] Culturas africanas: los azande En diferentes culturas africanas existen tradiciones de matrimonio entre mujeres y matrimonio entre muchachos que, en ocasiones, disuelven las diferencias entre homosexualidad, heterosexualidad y bisexualidad. Evans-Pritchard documenta entre los azande de Sudán la existencia común de matrimonios entre guerreros solteros y muchachos jóvenes. Este matrimonio solucionaba la necesidad de intercambios sexuales de los guerreros solteros ante la escasez de mujeres debido a la práctica extendida de poliginia.[cita requerida]

“Salir del closet”

Postal 2Entre muchos cubanos, aceptar ciertas expresiones de la diversidad social sigue siendo un trago difícil. A pesar de la sucesión generacional y de importantes rupturas con el moralismo machista que tuvieron lugar en los últimos 40 años dentro de la Isla, todavía pesan prejuicios y tabúes. La homosexualidad, por ejemplo, continúa valorándose generalmente (con más o menos refinamiento) desde las trincheras del rechazo y la condena, a pesar de que cada vez son más las personas que deciden no mantener oculta su orientación homosexual.

Aún así, no son pocos los que coinciden en decir que a partir de los 90 la sociedad cubana ganó en tolerancia con respecto al homosexualismo, y se ha llegado a hablar incluso de un “destape”, concepto que —al decir de los especialistas— encierra en sí mismo una alta dosis de prejuicio, a la vez que expresa una relativa apertura social al tema.

Sin embargo, la más benévola y quizá frecuente reacción social ante las expresiones de la homosexualidad, parece ser la indiferencia. “Yo no estoy en contra, pero tampoco estoy a favor; mientras no se metan conmigo…” decía un entrevistado sin percibir probablemente cuán bien graficaban sus palabras la “apatía” social alrededor del asunto.

“No creo que en realidad se trate de indiferencia”, comentaba otra persona consultada que prefirió no dar a conocer su nombre. “Tras esa apatía se esconde el temor a aceptar la diferencia, el miedo a que te confundan tan solo por hablar un poco más a fondo del tema. Desentenderse me parece un poco cobarde, y es una fórmula para no parecer cromagnon, pero también para que nadie pueda pensar que estás defendiendo a los homosexuales, aceptándolos”.

A través de ese rechazo vestido de “no me importa”, podrían explicarse reacciones como la de la primera persona de orientación homosexual que entrevistó Alma Mater digital: “¿Para qué hablar de eso? ¿A quién diablos le interesa? ¿Qué vas a resolver con eso?”.

“Dibújate un plano de tu deseo y vive en él”

Otros criterios menos airados, reflejaron conformidad, descontento, resignación. Pedro Rojas es un hombre de 44 años que gusta de hacer vida hogareña, y que tiene un trabajo donde se siente útil, responsable y celebrado, pero prefiere que lo traten y respeten en vez de por su “buen carácter” y su “sensibilidad”, por su conducta como ser humano y como profesional. Es muy común que las cualidades más reconocidas en los homosexuales sean: “son muy serviciales”, “tienen buen gusto”, “son gente fina”, “no están en nada”… Por eso, Rojas quisiera que lo midan más por su capacidad, por su entrega a la profesión, por su ética de vida, y no por valores más externos, clichés que tienden a banalizar el papel social de las personas que no poseen una orientación heterosexual.

“El de nosotros ─comenta Pedro Rojas─ es un mundo de cortinas, a menudo descorridas por uno mismo o por los demás. Entonces lo mejor es, como decía Lorca, dibujar un plano de tu deseo y vivir en él dentro de una norma de belleza”, dijo con serena resignación.

Son muchos los gays y lesbianas que eligen esconder su identidad sexual no solo por el conflicto familiar que la reafirmación de su homosexualidad provocaría. Su prosperidad profesional podría estancarse o llegar a una bancarrota insuperable, si en sus centros laborales conocieran del asunto personas con prejuicios y poder.

“Cuando en mi centro conocieron que yo era gay, acabó mi expansión profesional ─recuerda el ingeniero Raúl Izquierdo—. De pronto dejé de viajar, se limitaron mis posibilidades de ascenso. Incluso, algunos compañeros míos llegaron a decirme que por el problemita mío ya el jefe no me consideraba confiable. Sin embargo, cuando tenía problemas o necesitaba resolver urgente y con eficiencia cualquier asunto de la empresa, me salía a buscar a mí, al menos confiable. Por eso, entre otras cosas, preferí reorientar mi mundo hacia la cerámica”.

“Salir del closet” 

Aunque no se les quisiera reconocer a plenitud, personas con preferencia por el mismo sexo siempre han existido y, a su modo, han ido reclamando espacios que el prejuicio sociocultural les tiene negados o limitados. Hasta los años 90 el homosexualismo parecía una expresión muy minoritaria.

La apertura del país al mundo en términos económicos, y el consiguiente boom del turismo, junto a cierta comprensión y tolerancia por parte de la familia y las instituciones públicas, posibilitaron que a los homosexuales se les comenzara a reconocer ─aunque de manera aún tímida, según coinciden especialistas─ como segmento poblacional a atender. El “fenómeno” era mucho más notorio que lo creído.

Aun así no existen estudios rigurosos, verdaderamente abarcadores sobre el tema, y mientras los homosexuales prefieren reprimirse y esconder su orientación, la sociedad percibe que “cada vez hay más”; o mejor, cada vez son más los que deciden “salir del closet”. Se nota en calles, en escuelas, centros laborales. Lo escuchan en sus consultas médicos y sicólogos escogidos como confidentes para compartir el “secreto”.

“Cuando tienes confianza o empatía con estos pacientes a veces confiesan su orientación sexual, aunque no haga falta para evaluar el diagnóstico. Es como una forma de liberación espiritual”, expresa la doctora Beatriz Alfonso, especialista en Medicina General Integral en una comunidad del municipio capitalino de Playa.

En el mismo mundo de la salud pública, curiosamente, hay mucho desconocimiento en torno a la homosexualidad, lo mismo por profesionales que por estudiantes, según corroboran estudios realizados sobre todo para diplomados y maestrías en sexualidad. Por cuestiones como esa, el mito de la homosexualidad puede resultar insospechadamente discriminatorio desde el sector del que más humanidad y ayuda se espera recibir.

En una investigación realizada con alumnos de la Facultad de Ciencias Médicas Finlay-Albarrán, de Ciudad de La Habana, estos rechazaron en un 97% a los homosexuales si eran cubanos, y en un 46% si eran extranjeros.

Mayra Rodríguez, psicóloga y Máster en Sexualidad del Centro Nacional de Educación Sexual, dice que los homosexuales son, simplemente, gente necesitada de reconocimiento como seres humanos, sin que se les rechace, pero también sin lástima. “La sociedad ha tenido un cambio de actitud hacia estas personas, y podríamos decir que se les tolera. Pero no se les acepta, porque no existe una implicación sociológica para pensar que quienes difieren de nosotros por su preferencias sexuales, son iguales por su condición de individuos. De todas formas, considero que el gobierno hace bastante por cambiar esta situación, imposible de manifestarse distinta de un día para otro”.

“Yo sé que es un sueño esto que digo” 

La Constitución de la República de Cuba establece que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, con los mismos derechos y obligaciones, sin discriminación de raza, sexo, edad u origen social. Pero homosexuales, travestis y transexuales quisieran sentirse más defendidos por la ley.

“No se trata de exigir reivindicaciones lingüísticas dentro de los textos legales”, aclara Roxana Trieste, estudiante de una carrera humanística en la Universidad de La Habana, quien decidió hace dos años llevar públicamente y con toda dignidad su condición homosexual, a pesar de la “hecatombe familiar” que, en efecto, provocó su noticia.

“Con palabras no se cambian las realidades ─comenta Roxana mientras toma de la mano a Yuliet, su pareja─, pero que la ley representara de alguna manera nuestro derecho a existir en sociedad de modo pleno, sería un gran adelanto. Yo sé que es un sueño esto que digo. Estoy fantaseando casi, pero si eso llegara a ser realidad habría que luchar mucho para que esas reformas en la ley no se convirtieran en letra muerta. Haría falta, además, un deseo real y acciones concretas para acorralar la discriminación de que somos objeto por la sociedad y por nuestras familias.”

Las únicas modificaciones introducidas en el Código Penal vinculadas al tema del homosexualismo son relativamente recientes, comenta Yamila González, especialista jurídica de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). Dos artículos, referido uno al ultraje sexual y otro a la corrupción de menores, hacían referencia explícita al castigo que merecerían los homosexuales de caer en delitos como esos. Afortunadamente, se decidió omitir de los textos aquellas alusiones directas a las personas de orientación homosexual por considerarlas ofensivas. Quedaba muy claro que el tabú machista había permeado ─como a otras tantas cosas─ el Código Penal. Yamila González considera que esas rectificaciones, aunque demoradas, significan cierto avance. “Ahora hay condiciones para dar pasos más acelerados”, opina.

Ni para mal, ni para bien, “somos los invisibles”, comenta una joven profesora de la Universidad de La Habana que prefirió no hacer público su nombre. “Resulta que a las lesbianas y a los gay ya no se nos trata de forma peyorativa en las leyes. Eso está bien. Aplausos. Pero ahora, sencillamente, hemos desaparecido, y no existe una sola palabra que nos reconozca. O sea, no se nos ofende, pero tampoco se nos tiene en cuenta como comunidad urgida de protección en sus derechos, al igual que las mujeres. El no reconocimiento, la invisibilidad, no es menos irrespetuosa”.

La Fiscal del Departamento de Procesos Penales de la Fiscalía Provincial de Ciudad de La Habana, Daysi Aguilera, explica que ciertamente el país no tiene regulaciones o leyes que perjudiquen, pero tampoco que beneficien a los homosexuales. “Tampoco se vislumbra que las tengamos pronto. En esto influye mucho la resistencia que hace una sociedad culturalmente machista como la nuestra a esos cambios, sobre todo si les parecen muy dinámicos”.

La jurista Daysi Aguilera añade que las leyes siempre van más lentas que el desarrollo social, y “si la costumbre demora en generar derecho, también demora cualquier iniciativa, propuesta o proyecto en convertirse en ley”.

La licenciada especifica que los homosexuales cubanos no han cuestionado abiertamente los derechos que tienen, ni han exigido otros, a diferencia de algunos países donde los ciudadanos han sido parte de movimientos sociales imposibles de ignorar institucionalmente, y que han conducido a conquistas como el matrimonio, el derecho a la pensión y la adopción de hijos por parejas del mismo sexo.

La gran esperanza de los homosexuales cubanos es que el respeto a su orientación sexual se convierta en sentido común, en obviedad feliz. En ocasiones, por desesperación, creen que su dibujo de vida en vez de luz, gana sombra; en vez de apoyo, retroceso. A su favor, pareciera estar el hecho de que transitan un camino labrado en buena medida por ellos mismos, sin mucho ruido, pero ya con suficiente resonancia en la sensibilidad de una parte creciente, aunque todavía minoritaria, de la sociedad.

Lo que no quiere oir la gente….


Lo que no quiere oir la gente….. “La verdad que hace a los hombres libres es la que la mayoría prefiere no oír” Herbert Agar, sexólogo norteamericano Entre muchos cubanos, aceptar ciertas expresiones de la diversidad social sigue siendo un trago difícil. A pesar de la sucesión generacional y de importantes rupturas con el moralismo machista que tuvieron lugar en los últimos 40 años dentro de la Isla, todavía pesan prejuicios y tabúes. La homosexualidad, por ejemplo, continúa valorándose generalmente (con más o menos refinamiento) desde las trincheras del rechazo y la condena, a pesar de que cada vez son más las personas que deciden no mantener oculta su orientación homosexual. Aún así, no son pocos los que coinciden en decir que a partir de los 90 la sociedad cubana ganó en tolerancia con respecto a la homosexualidad, y se ha llegado a hablar incluso de un “destape”, concepto que —al decir de los especialistas— encierra en sí mismo una alta dosis de prejuicio, a la vez que expresa una relativa apertura social al tema. Sin embargo, la más benévola y quizá frecuente reacción social ante las expresiones de la homosexualidad, parece ser la indiferencia. “Yo no estoy en contra, pero tampoco estoy a favor; mientras no se metan conmigo…” decía un entrevistado sin percibir probablemente cuán bien graficaban sus palabras la “apatía” social alrededor del asunto. “No creo que en realidad se trate de indiferencia”, comentaba otra persona consultada que prefirió no dar a conocer su nombre. “Tras esa apatía se esconde el temor a aceptar la diferencia, el miedo a que te confundan tan solo por hablar un poco más a fondo del tema. Desentenderse me parece un poco cobarde, y es una fórmula para no parecer cromagnon, pero también para que nadie pueda pensar que estás defendiendo a los homosexuales, aceptándolos”. A través de ese rechazo vestido de “no me importa”, podrían explicarse reacciones como la de la primera persona de orientación homosexual que entrevistó Alma Mater digital: “¿Para qué hablar de eso? ¿A quién diablos le interesa? ¿Qué vas a resolver con eso?”. “Dibújate un plano de tu deseo y vive en él” Otros criterios menos airados, reflejaron conformidad, descontento, resignación. Pedro Rojas es un hombre de 44 años que gusta de hacer vida hogareña, y que tiene un trabajo donde se siente útil, responsable y celebrado, pero prefiere que lo traten y respeten en vez de por su “buen carácter” y su “sensibilidad”, por su conducta como ser humano y como profesional. Es muy común que las cualidades más reconocidas en los homosexuales sean: “son muy serviciales”, “tienen buen gusto”, “son gente fina”, “no están en nada”… Por eso, Rojas quisiera que lo midan más por su capacidad, por su entrega a la profesión, por su ética de vida, y no por valores más externos, clichés que tienden a banalizar el papel social de las personas que no poseen una orientación heterosexual. “El de nosotros —comenta Pedro Rojas— es un mundo de cortinas, a menudo descorridas por uno mismo o por los demás. Entonces lo mejor es, como decía Lorca, dibujar un plano de tu deseo y vivir en él dentro de una norma de belleza”, dijo con serena resignación. Son muchos los gays y lesbianas que eligen esconder su identidad sexual no solo por el conflicto familiar que la reafirmación de su homosexualidad provocaría. Su prosperidad profesional podría estancarse o llegar a una bancarrota insuperable, si en sus centros laborales conocieran del asunto personas con prejuicios y poder. “Cuando en mi centro conocieron que yo era gay, acabó mi expansión profesional —recuerda el ingeniero Raúl Izquierdo—. De pronto dejé de viajar, se limitaron mis posibilidades de ascenso. Incluso, algunos compañeros míos llegaron a decirme que por el problemita mío ya el jefe no me consideraba confiable. Sin embargo, cuando tenía problemas o necesitaba resolver urgente y con eficiencia cualquier asunto de la empresa, me salía a buscar a mí, al menos confiable. Por eso, entre otras cosas, preferí reorientar mi mundo hacia la cerámica”. “Salir del closet” Aunque no se les quisiera reconocer a plenitud, personas con preferencia por el mismo sexo siempre han existido y, a su modo, han ido reclamando espacios que el prejuicio sociocultural les tiene negados o limitados. Hasta los años 90 el homosexualismo parecía una expresión muy minoritaria. La apertura del país al mundo en términos económicos, y el consiguiente boom del turismo, junto a cierta comprensión y tolerancia por parte de la familia y las instituciones públicas, posibilitaron que a los homosexuales se les comenzara a reconocer —aunque de manera aún tímida, según coinciden especialistas— como segmento poblacional a atender. El “fenómeno” era mucho más notorio que lo creído. Aun así no existen estudios rigurosos, verdaderamente abarcadores sobre el tema, y mientras los homosexuales prefieren reprimirse y esconder su orientación, la sociedad percibe que “cada vez hay más”; o mejor, cada vez son más los que deciden “salir del closet”. Se nota en calles, en escuelas, centros laborales. Lo escuchan en sus consultas médicos y sicólogos escogidos como confidentes para compartir el “secreto”. “Cuando tienes confianza o empatía con estos pacientes a veces confiesan su orientación sexual, aunque no haga falta para evaluar el diagnóstico. Es como una forma de liberación espiritual”, expresa la doctora Beatriz Alfonso, especialista en Medicina General Integral en una comunidad del municipio capitalino de Playa. En el mismo mundo de la salud pública, curiosamente, hay mucho desconocimiento en torno a la homosexualidad, lo mismo por profesionales que por estudiantes, según corroboran estudios realizados sobre todo para diplomados y maestrías en sexualidad. Por cuestiones como esa, el mito de la homosexualidad puede resultar insospechadamente discriminatorio desde el sector del que más humanidad y ayuda se espera recibir. En una investigación realizada con alumnos de la Facultad de Ciencias Médicas Finlay-Albarrán, de Ciudad de La Habana, estos rechazaron en un 97% a los homosexuales si eran cubanos, y en un 46% si eran extranjeros. Mayra Rodríguez, psicóloga y Máster en Sexualidad del Centro Nacional de Educación Sexual, dice que los homosexuales son, simplemente, gente necesitada de reconocimiento como seres humanos, sin que se les rechace, pero también sin lástima. “La sociedad ha tenido un cambio de actitud hacia estas personas, y podríamos decir que se les tolera. Pero no se les acepta, porque no existe una implicación sociológica para pensar que quienes difieren de nosotros por su preferencias sexuales, son iguales por su condición de individuos. De todas formas, considero que el gobierno hace bastante por cambiar esta situación, imposible de manifestarse distinta de un día para otro”. “Yo sé que es un sueño esto que digo” La Constitución de la República de Cuba establece que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, con los mismos derechos y obligaciones, sin discriminación de raza, sexo, edad u origen social. Pero homosexuales, travestis y transexuales quisieran sentirse más defendidos por la ley. “No se trata de exigir reivindicaciones lingüísticas dentro de los textos legales”, aclara Roxana Trieste, estudiante de una carrera humanística en la Universidad de La Habana, quien decidió hace dos años llevar públicamente y con toda dignidad su condición homosexual, a pesar de la “hecatombe familiar” que, en efecto, provocó su noticia. “Con palabras no se cambian las realidades —comenta Roxana mientras toma de la mano a Yuliet, su pareja—, pero que la ley representara de alguna manera nuestro derecho a existir en sociedad de modo pleno, sería un gran adelanto. Yo sé que es un sueño esto que digo. Estoy fantaseando casi, pero si eso llegara a ser realidad habría que luchar mucho para que esas reformas en la ley no se convirtieran en letra muerta. Haría falta, además, un deseo real y acciones concretas para acorralar la discriminación de que somos objeto por la sociedad y por nuestras familias.” Las únicas modificaciones introducidas en el Código Penal vinculadas al tema de la homosexualidad son relativamente recientes, comenta Yamila González, especialista jurídica de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). Dos artículos, referido uno al ultraje sexual y otro a la corrupción de menores, hacían referencia explícita al castigo que merecerían los homosexuales de caer en delitos como esos. Afortunadamente, se decidió omitir de los textos aquellas alusiones directas a las personas de orientación homosexual por considerarlas ofensivas. Quedaba muy claro que el tabú machista había permeado —como a otras tantas cosas— el Código Penal. Yamila González considera que esas rectificaciones, aunque demoradas, significan cierto avance. “Ahora hay condiciones para dar pasos más acelerados”, opina. Ni para mal, ni para bien, “somos los invisibles”, comenta una joven profesora de la Universidad de La Habana que prefirió no hacer público su nombre. “Resulta que a las lesbianas y a los gay ya no se nos trata de forma peyorativa en las leyes. Eso está bien. Aplausos. Pero ahora, sencillamente, hemos desaparecido, y no existe una sola palabra que nos reconozca. O sea, no se nos ofende, pero tampoco se nos tiene en cuenta como comunidad urgida de protección en sus derechos, al igual que las mujeres. El no reconocimiento, la invisibilidad, no es menos irrespetuosa”. La Fiscal del Departamento de Procesos Penales de la Fiscalía Provincial de Ciudad de La Habana, Daysi Aguilera, explica que ciertamente el país no tiene regulaciones o leyes que perjudiquen, pero tampoco que beneficien a los homosexuales. “Tampoco se vislumbra que las tengamos pronto. En esto influye mucho la resistencia que hace una sociedad culturalmente machista como la nuestra a esos cambios, sobre todo si les parecen muy dinámicos”. La jurista Daysi Aguilera añade que las leyes siempre van más lentas que el desarrollo social, y “si la costumbre demora en generar derecho, también demora cualquier iniciativa, propuesta o proyecto en convertirse en ley”. La licenciada especifica que los homosexuales cubanos no han cuestionado abiertamente los derechos que tienen, ni han exigido otros, a diferencia de algunos países donde los ciudadanos han sido parte de movimientos sociales imposibles de ignorar institucionalmente, y que han conducido a conquistas como el matrimonio, el derecho a la pensión y la adopción de hijos por parejas del mismo sexo. La gran esperanza de los homosexuales cubanos es que el respeto a su orientación sexual se convierta en sentido común, en obviedad feliz. En ocasiones, por desesperación, creen que su dibujo de vida en vez de luz, gana sombra; en vez de apoyo, retroceso. A su favor, pareciera estar el hecho de que transitan un camino labrado en buena medida por ellos mismos, sin mucho ruido, pero ya con suficiente resonancia en la sensibilidad de una parte creciente, aunque todavía minoritaria, de la sociedad.

Epigenética: La más reciente Teoría de la homosexualidad

ghLa causa de que existan hombres gais o mujeres lesbianas sigue intrigando a los científicos. Y nadie encuentra una explicación. Ahora la epigenética es la candidata, según un trabajo que publican investigadores del National Institute for Mathematical and Biological Synthesis (NIMBioS) y la Universidad de California en Santa Bárbara en The Quarterly Review of Biology, que publica la Universidad de Chicago.

El hecho de que ese tipo de orientaciones se den en prácticamente todas las culturas y que haya persistido a lo largo del tiempo y pese a todas las persecuciones y trabas ha llevado a pensar que hay una causa básica biológica. Diversas aproximaciones la han buscado en el tamaño y forma del cerebro o de algunas de sus partes, pero este órgano, pese a su complejidad, es adaptable y sufre cambios en función de los estímulos, por lo que siempre quedaba la duda de si las diferencias eran por causas biológicas o ambientales.

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La revolución genética de la última década, y el hecho de que se encontraran bastantes casos de homosexuales (gais o lesbianas) en una misma familia llevó a pensar que había causa genética. Pero los estudios hechos con gemelos, que comparten ADN y, además, normalmente, la misma educación no han sido concluyentes. Según esta explicación si un hermano era gay, su hermano idéntico genéticamente debería serlo, pero no ha sido así.

Una tercera teoría hablaba de la exposición a ciertas hormonas durante el embarazo. La teoría dice que los fetos (en concreto, los cerebros) masculinos (con cromosomas sexuales XY) expuestos a menos testosterona de lo normal resultaban en niños gais, y que los femeninos (XX) expuestos a más testosterona, resultaban en lesbianas.

La última explicación sugerida, la de la epigenética, recoge, de alguna manera, parte de estas dos últimas. Utiliza la idea de la exposición del cerebro a la testosterona, pero la matiza por la variabilidad en la epigenética de los distintos embriones, y se acerca a dar una explicación a la existencia de varias personas homosexuales en la misma familia.

 

La epigenética es el conjunto de interruptores que hacen que unos genes se expresen o no. Imaginemos que cada célula es una unidad de una fábrica de coches. En ella, en cada momento hará falta algo, desde un utilitario (una proteína) a un deportivo (insulina). Todas las instrucciones de todo lo que se fabrica en la instalación están en un mismo ordenador (el núcleo celular). Si no hubiera ningún control, la fábrica se saturaría, llena de utilitarios y deportivos por igual. La epigenética, de alguna manera, es el conjunto de instrucciones que hace que en una célula se fabriquen proteínas, y, solo en las del páncreas, insulina.

Durante la reproducción, el padre y la madre transmiten al hijo todas las instrucciones (fabricar un ojo, un pie, el cerebro, pene, vagina). Es la correcta activación de cada una de ellas en su momento adecuado la que determina que de un óvulo fecundado se genere un ser humano (fabrica sangre, aquí un dedo, el corazón, una uña). Pues lo que los investigadores han determinado es que un grupo de esas instrucciones, que son las que regulan la respuesta a la testosterona, se pueden heredar. Así, un feto masculino que hereda la instrucción de ser muy sensible a un descenso de testosterona acabará siendo un niño gay si se produce una disminución de la hormona; y, al contrario, si un feto femenino hereda la instrucción de ser muy sensible al exceso de testosterona y eso sucede, de mayor será lesbiana. Esta respuesta heredada, lo que los investigadores llaman epimarcas, “son el mecanismo evolutivo más plausible para la homosexualidad humana”, concluye Sergey Gavrilets, del NIMBioS.

Los autores no descartan que otros factores influyan, y, prudentemente, dicen que sus epimarcas “subyacen” en la homosexualidad. Con ello dejan abierta la puerta a las cuestiones ambientales (que también alteran la epigenética) o emocionales que explican la variabilidad de las relaciones y el comportamiento humano (más el caso, que ni mencionan, de los bisexuales).